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Pintar a Jesús en el alma con los pinceles de la cruz
   04/12/2021 10:09:43    0 Comentarios
Pintar a Jesús en el alma con los pinceles de la cruz

Fernando Torre, msps

La meta de la vida cristiana es la santidad, la transformación en Jesucristo. San Pablo lo expresó con claridad: «Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20).

Concepción Cabrera le habla de esta transformación a su hija Teresa de María sirviéndose de metáforas tomadas de la pintura y la fotografía.

«¿Cómo quieres que se delinee tu esposo crucificado en tu alma con pincel de agua fresca? Claro que no; el ensangrentado debe delinearse con sangre, y el crucificado con cruz. Déjate hacer, deja bramar las tempestades sin perturbarte, deja pasar la tentación, que PASARA, no lo dudes, dejando méritos en tu alma»[1].

«Conque, no manches tu alma y que seas un purísimo espejo donde Jesús se refleje, se retrate, se fotografíe, y después te transforme en ÉL. Hay muchos grados de transformación, pero estos se alcanzan poco a poco, gota a gota, pues “no se ganó Zaragoza en una hora”[2]. Déjate pintar a Jesús en tu alma con los pinceles de la cruz y por las manos de la Inmaculada María»[3].

En los dos textos, esa mujer tan «materialota»[4] resalta el papel que el sufrimiento –la sangre, la cruz– tiene en la transformación en el Crucificado. En ambos textos, también, hace ver que el protagonista del proceso de santificación no es el creyente, con sus esfuerzos, sino Dios y la Santísima Virgen. Al creyente le corresponde conservar su alma pura y en paz, permitirle al Espíritu Santo actuar con libertad («Déjate hacer», «Déjate pintar») y ser dócil a las inspiraciones del mismo Espíritu.

Además, esa seguidora del Crucificado pone en claro que la transformación en Jesucristo es un proceso: no se obtiene de golpe, sino que se va avanzando «poco a poco, gota a gota». Por lo mismo, quien quiera vivir un proceso de santidad, ha de tener una paciencia a toda prueba.



[1] Carta escrita probablemente en abril 1909, en Cartas a Teresa de María, México 1989, 46.

[2] El refrán es: “No se ganó Zamora en una hora”. Concepción Cabrera lo cita en varias ocasiones en sus cartas a Teresa de María (p. 54, 181, 481). En este texto cambia Zamora por Zaragoza. Con esas palabras se indica que para conseguir algo importante y arduo, hace falta tiempo y esfuerzo.

[3] Carta escrita el 5 diciembre 1921, en Cartas a Teresa de María, México 1989, 356.

[4] C. Cabrera, Vida 1,186; cf. 203.

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